Presentado así, no cabe duda de que uno piensa: “'¡han pillado al Papa!” La realidad, sin embargo, es distinta y muestra que también el buque insignia del periodismo mundial sufre de la fiebre amarilla, tan de moda, caracterizada por lo que podríamos llamar (afectuosamente) "sensacionalismo antipapista".
Si, las informaciones muestran que el sacerdote Lawrence C. Murphy fue acusado de esos terribles delitos entre 1950 y 1974, años en los que trabajó en una escuela para niños sordos en Milwaukee. En su época, fue denunciado a las autoridades civiles, pero nunca fue procesado pues no encontraron pruebas; tampoco llegó a ser procesado por los tribunales eclesiásticos locales competentes, aunque se le alejó paulatinamente de encargos.
El Vaticano entra en juego en … 1996, cuando la diócesis envía una primera información a la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger (con el cardenal Bertone, actual Secretario de Estado, como número dos). La información a este organismo vaticano no tenía nada que ver con la investigación civil, sino que estuvo motivada porque una de las acusaciones de las décadas anteriores fue de “solicitación sexual durante la confesión”. Al tratarse de una violación del sacramento de la confesión, entra en juego la Congregación para la Doctrina de la Fe (que se ocupa de ese aspecto canónico, sin intervenir en los demás procesos criminales). La diócesis deseaba que se le expulsara del sacerdocio, pues veía avecinarse procesos judiciales.
La Congregación para la Doctrina de la Fe, considerando que los hechos eran de hacía dos décadas, que el culpable se había arrepentido, que no había reincidido y que el sacerdote estaba moribundo (falleció cuatro meses después), decidió no tomar medidas canónica(s) contra él por el delito de violación de la confesión, único ámbito de su competencia.
Así pues, esa es la verdad.
El portavoz de la Santa Sede afirmó ayer (25 de marzo de 2010):
"El trágico caso del padre Lawrence Murphy, un sacerdote de la archidiócesis de Milwaukee, afectó a víctimas particularmente indefensas que sufrieron terriblemente por lo que hizo. El padre Murphy, que abusó sexualmente de niños con problemas auditivos, violó la ley, y lo que es más importante, la confianza sagrada que sus víctimas habían depositado en él.
A mediados de la década de 1970, algunas de las víctimas del padre Murphy informaron del abuso a las autoridades civiles, que lo sometieron entonces a investigación; sin embargo, según informa la prensa, esa investigación se abandonó. La Congregación para la Doctrina de la Fe no fue informada de la cuestión hasta una veintena de años más tarde.
Se ha sugerido que en este caso existiría una relación entre la aplicación del "Crimen sollicitationis" y la ausencia de denuncias a las autoridades civiles de los abusos de niños. De hecho, no
A finales de 1990, después de más de dos décadas desde que se denunciara el abuso a los responsables de la diócesis y a la policía, la Congregación para la Doctrina de la Fe abordó por primera vez la cuestión de cómo tratar el caso Murphy canónicamente. La Congregación fue informada del asunto porque se trataba de solicitaciones en el confesionario, que constituyen una violación del sacramento de
En tales casos, el Código de Derecho Canónico no prevé sanciones automáticas, pero recomienda que se haga un juicio sin excluir incluso la mayor pena eclesiástica de expulsión del estado clerical (...). Teniendo en cuenta que el padre Murphy era anciano y estaba mal de salud y que estaba viviendo en aislamiento y las denuncias de abuso no se habían notificado durante más de 20 años, la Congregación para la Doctrina de la Fe sugirió que el arzobispo de Milwaukee estudiara la posibilidad de abordar la situación, por ejemplo, restringiendo el ministerio público del padre Murphy, y exigiéndole que aceptara la plena responsabilidad de la gravedad de sus actos. El padre Murphy murió aproximadamente cuatro meses más tarde, sin más incidentes".
Y un matiz importantísimo, que añade DC en su blog:
"He preferido no hacer referencia arriba al entonces (1977-2002) arzobispo de Milwaukee, , Rembert G. Weakland, para no complicar la narración. Pero pienso que es de justicia decir algo aquí sobre esta persona, que está en el origen de la polémica.
Este histórico antagonista de Juan Pablo II y Joseph Ratzinger se vio obligado a dimitir cuando se confirmó que había usado 450.000 dólares de la diócesis para hacer callar a un homosexual que le inculpó de haberlo violentado veinte años antes. Acusado de no haber removido a los sacerdotes declarados culpables de delitos, la táctica de Weakland desde hace años ha sido la de descargar la culpa en el Vaticano. Pero nadie se lo ha creído, empezando por las víctimas, como se ve en esta noticia del diario local, Journal Sentinel, donde se habla del mismo caso que ahora publica -como si fuera una noticia bomba- The New York Times."
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