
Señalo los términos propios de esta ideología, que ha sido adoptada por el gobierno de España como columna de su política.
Familias homoparentales
Eulàlia Solé
Mientras la Iglesia española sigue declarándose contraria al matrimonio entre homosexuales, el Parlamento portugués comenzó el año 2010 aprobando una ley que lo permite. A los lusitanos les queda pendiente legitimar o no que las parejas gais y lesbianas puedan adoptar. Como se sabe, aquí sí está admitida la adopción en las familias homoparentales, un escenario legal que aún resulta minoritario por cuanto se trata de una innovación reciente. Pero en la escuela comienzan a verse niños cuya familia responde a la citada característica. ¿Se actúa entonces abiertamente, tanto por parte de los protagonistas como de los docentes y del resto de los escolares y sus parientes?
Marcin Smietana es un sociólogo barcelonés que ha estudiado las actitudes y comportamientos derivados de la nueva situación, y me permito sacar a colación algunos puntos significativos. ¿Se conducen con naturalidad padres, madres e hijos? Sin duda, la actitud de los niños estará en función de la que tomen sus progenitores, pero también dependerá de la acogida que les sea dispensada en el aula. Una correlación en la que el factor principal corresponde a la autoconfianza que demuestren padres y madres homosexuales.
La postura más abierta sería la de asistir los dos miembros de la pareja a las reuniones escolares, la de acudir ambos a la entrada o salida de clase. La actitud cerrada consistiría en aparecer solo uno o una. En este caso, no cabe esperar que el niño se muestre extrovertido sobre la índole de su familia, en tanto que, contrariamente, la convicción de los progenitores infundirá coraje al niño para mostrarse cual es: el pionero de un nuevo tipo de familia.
De hecho, la familia clásica añorada por la jerarquía de la Iglesia hace tiempo que ha dejado de ser la única, ni siquiera la hegemónica. Separaciones, divorcios y uniones consensuadas llevan años modificando el concepto de familia. La institución familiar no se acaba, pero se torna variopinta. Definida como un grupo social formado por personas vinculadas por el matrimonio, el consenso, la sangre o la adopción, personas que comparten residencia, recursos económicos, reproducción y cuidados de los descendientes y los ascendientes, la familia continúa vigente y saludable. Lo único que ocurre es que a los individuos ya no se les encorseta.
E. SOLÉ, socióloga y escritora
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