miércoles, 1 de abril de 2009

células madre


Leí en LV una carta al director sobre una noticia publicada en ese periódico. Quizá la recuerdes: un niño podía curarse de su enfermedad gracias a las células de un hermano concebido, y seleccionado en la fase de embrión, para ese fin...
Aquí tienes la carta. Una vez más, recurrir a datos y dejar el sentimentalismo es la mejor solución.


CARTAS DE LOS LECTORES

Avances científicos
JORDI SIERRA - Catedrático de Hematología Barcelona
En la edición 22/ III/ 2009 aparece un artículo a toda página sobre la curación de un niño con talasemia mediante un trasplante de células madre hematopoyéticas. Estas células se obtuvieron de la sangre del cordón umbilical de su hermano, que en la fase de embrión se seleccionó por su compatibilidad con el niño enfermo. En el mismo artículo se presenta a la Iglesia católica como una institución reaccionaria que se opone a este avance científico y que, en su "crueldad", niega el bautismo al pequeño donante. Como miembro de esa Iglesia, hematólogo y director del programa de trasplante hematopoyético con mayor actividad de España en los últimos diez años, no quiero dejar de profundizar, brevemente, en algunos aspectos. En primer lugar la Iglesia se ha caracterizado siempre por la atención y ayuda desinteresadas a los enfermos. Lo hizo en el pasado, lo hace ahora y lo seguirá haciendo en el futuro.

Por otra parte, la selección embrionaria, aplicada en el caso que nos ocupa, supone el desecho de otros embriones no seleccionados como donantes, por no ser compatibles con el paciente, o por ser portadores de la misma enfermedad. En ese sentido, la Iglesia se opone a que el derecho a la vida humana (nadie duda que un embrión está vivo y que esa vida es humana, no de otra especie) dependa de su utilidad. Por tanto, esta postura de la Iglesia va a favor de esas otras vidas humanas que con esta técnica se eliminan; no va en contra del pequeño donante que ha hecho posible la mejoría (aún es pronto para hablar de curación) del hermano enfermo. Por ello, con toda seguridad la Iglesia no puede negar el bautismo al donante. Sólo lo hace si no existe el compromiso por parte de los padres de educar cristianamente a los hijos.

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